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No exactamente

Alejandro Caravario

 

FRAGMENTO

"El desprecio"

"Jamás olvidaré las últimas seis palabras de Magdalena: ¡Hijo de puta! ¡Hijo de puta! Sólo habían pasado seis meses desde la fiesta en que empezó todo. Cuando cayó del cielo, justo a mi lado.

—¿Me llevás a casa? —dijo.
—No tengo auto —respondí.
—Yo sí.
—No sé manejar.
—Yo sí.

No había en su tono ni en su gesto la petulancia de la seductora. Me hablaba con alegría, con la satisfacción contagiosa de quien logra meter a tiempo el remate de un chiste. Acababa de avanzar hacia mí —que permanecía solitario en una silla apartada—, esparciendo a lo ancho del living sus vapores hipnóticos. Y eso que vestía casi con descuido, jeans y sandalias, pero aun así era perfecta. El pelo (un aluvión de señales inquietantes), las ancas, el culo, la espalda, el cuello decorado por el pespunte leve de una gargantilla. Las tetas, que copiaban el ritmo de su paso largo y se desparramaban bajo la remera. Una remera cualquiera. Venía y la vi y no quise que viniera, pero no pensé en eso, sino en su parecido con Esteban, el dueño de casa, la razón de aquella fiesta. El ángulo de la nariz, el espesor de la boca, la postura de los brazos al caminar. No, nada de eso: nada hermanaba a los hermanos salvo mi necesidad de hacerla familiar. De hablar con ella relajado, vano propósito.


Me asombró que supiera de mí, que entre la información accesoria que engorda las conversaciones, Esteban alguna vez me hubiera nombrado. Pero no entramos en detalle: Magdalena quiso saber más (qué más) de la historia de la paloma que yo había contado un rato antes, cuando el grupo que rodeaba la mesa baja
y rústica abandonó el temario cultural —territorio en el que me siento a gusto, aunque a veces caigo en un proselitismo que crispa las aguas calmas de los cumpleaños— y pasó a las experiencias extremas, de las que carezco. Anécdotas de accidentes con final feliz, peleas, percances de viajes, ese tipo de cosas. Personalizar, hablar de sí mismo, contar historias familiares, de amigos, exagerar, todo eso que pasa en algún momento de la noche y a mí me desanima. Me gusta hablar de mis opiniones, no de mí; no sé qué decir, no me interesan las anécdotas, zonceras enaltecidas por una gracia que no percibo. Pero no es sólo eso. Es que se estrecha el horizonte, se bloquean los accesos de la imaginación, las mejores chances de la palabra. Por eso, Esteban y algún otro, para mortificarme, me piden invariablemente que cuente la estúpida noche de la paloma. Un episodio bastante triste, con instantes de sufrimiento concentrado, que también conté aquella vez, con Magdalena en el auditorio, donde no podía verla." 

 

Sobre No exactamente

La literatura puede servir para liberarse de algo, para tratar de entender aquello que no se puede pensar de otro modo, y también puede no servir para nada. No exactamente formaría parte de esta tercera categoría, que defiende su carácter lúdico sin pretender ser nada más que aquello que es: hacer y pensar con el lenguaje.

A No exactamente lo habitan personajes que se cuentan historias sin parar, se las inventan, las exageran, utilizan todos los recursos a su alcance porque saben que la historia la gana el que mejor la sabe contar. En "El desprecio", un novio celoso se inventa el romance de su mujer con el socio; en “Nuestros Seres Queridos” los amigos de un pequeño pueblo parecen hacer las cosas sólo para poder contarlas después; y en “El bailarín eléctrico” la figura de Chaco crece en la voz de un rengo que narra un duelo que no es con armas sino tirando pasos de baile. Los personajes toman decisiones delirantes que solo se justifican para que la máquina narrativa avance más y más. Porque aquí la ficción —lo único que importa— se impone ante una realidad que evoca desesperadamente un sentido, para luego encontrarse en ese lugar donde nada es exactamente.

Con una prosa elegante de risa a boca cerrada, Caravario honra el lanzamiento de la colección Jóvenes para siempre, un lugar para aquellos que insisten en que escribir está más allá de todo.

 

DISEÑO

Julián Villagra

CORRECCIÓN

Martín Vittón

RETRATO

Ana Carucci

 

ISBN: 978-987-3633-03-4     

Cantidad de páginas: 88