09-05-2014

Tálata Rodriguez en Revista Eñe

Un ritual sonoro con obras de Ferrari y música de Antunes

El evento fue producido por la Fundación Augusto y León Ferrari. Fueron parte de “Estampida Sonora”, un proyecto de comercio y economía justos.

Por Diego Erlan.

 

“Retazos de La Salada”, puede leerse en una tela verde colgada en la pared. “Textos e imágenes de Ferrari y Antunes”. Corpiños, repasadores, telas de colores que podrían servir para cualquier otra cosa cuelgan a los costados del pasillo que conduce hasta el Club Atlético Fernández Fierro, que parece convertido en una feria de diseño y venta de ropa usada.

Pero esta noche de domingo todo es a beneficio. Producido por la Fundación Augusto y León Ferrari, Estampida Sonora es un proyecto participativo basado en el comercio justo y la economía colaborativa, que consiste en el estampado de obras de arte creado para apoyar distintas causas sociales como recaudar fondos para el Centro de Fortalecimiento Familiar ubicado en El Talar.

La propuesta atraviesa diferentes disciplinas y por eso el invitado estelar es el brasileño Arnaldo Antunes con sus dibujos, su voz y su poesía, que supieron inundar los pabellones de la Feria Internacional del Libro por estos días en los que San Pablo fue la ciudad invitada.

“En las cavernas encontraron manos estampadas en la piedra”, recuerda Julieta Zamorano, una de las organizadoras del evento y nieta de León Ferrari. “Eso lo perdimos. El arte lo tenemos todos adentro, no está afuera. Y eso es lo que buscan en este proyecto que busca trabajar sobre un momento de expresión muy genuino: estampar una mano, un rostro, una imagen”.

Para la Estampida Sonora de esta noche, los organizadores fueron hasta La Salada para recuperar los retazos y darle una especie de sanación cuestionando el trabajo esclavo habitual y a la vez el valor de las prendas que nos impone la sociedad de consumo. El proyecto busca las “nuevas formas de cooperativismo con una motivación distinta a la que nuestra cultura nos quiere hacer creer”, dice Zamorano. Así, el público quiere su remera con “La civilización occidental y cristiana” estampada en el centro o un dibujo de Antunes que dice “Planeta Placenta”.

Desde que irrumpió en la cultura brasileña de los ochenta con grupos de rock como Os Titãs, Antunes contagia con una misma energía cada uno de sus actos. Es la energía que parece vibrar del otro lado de la puerta del CAFF. Es un ritual sonoro. El público en ronda, sintiendo los sonidos guturales de ocho músicos que giran con los didgerioo , esos instrumentos de los aborígenes australianos, que funcionan como si fueran aerófonos. La vibración aumenta. “Yo grito las palabras en el micrófono de la misma manera que las dibujo, con cuidado, en la página. Para transformarlas en cosas, en vez de sustituir a las cosas”, escribe Arnaldo Antunes en un texto incluido en la reciente antología de su obraPalabra desorden. Esa es la vibración. Esa la energía. Esa es la poesía sonora que invade el lugar cuando aparecen en escena Arnaldo Antunes y la poeta y performer argentina Tálata Rodríguez. ¿Qué es la música? ¿Qué es la poesía? ¿Qué es un instrumento?¿Dónde está el límite? Esas son las preguntas que proponen los artistas y esas son las mismas preguntas que motivaron a León Ferrari para crear el berimbau, una de las esculturas sonoras que protagonizan la noche como si fuera un bosque de cañas polisensorial. “El berimbau representa lo que significó Brasil para mi abuelo: un lugar que le rompió la cabeza”, explica Julieta Zamorano.

Es significativo el momento en el que León Ferrari volvió a hacer esculturas: 1976, el año del golpe militar que lo llevó a trasladarse a San Pablo. Como explica Andrea Giunta, en esos años la necesidad de una definición política había dejado de ser un imperativo para el artista. Esa era, precisamente, la distancia que establecía con su producción de los años sesenta, cuando sabía que “quería hacer algo ineludible”.

Los grandes planos en heliografía, los dibujos, las experiencias con la música y con los instrumentos musicales fueron, en principio, expresiones sin requerimiento de eficacia. Es decir, la puerta en marcha de una vanguardia experimental lúdica, abocada a la indagación en las formas y a la renovación de los lenguajes. Lo mismo propone Antunes en su obra.