14-01-2026

Parar la oreja en La tinta, por Claudia Huergo

El nuevo libro de Gabriel Giorgi aparece como una invitación política y un ejercicio difícil: en medio de tanto ruido, de tanto decir y de nuevos silenciamientos, pensar la escucha como una práctica crítica y transformadora. Parar la oreja: notas para una política de la escucha, publicado por la editorial Tenemos las máquinas. En esta nota, Claudia Huergo reseña con agudeza y en primera persona esta obra.

Finalmente, la escucha

¿Puede un sueño hacernos de relevo para contar lo que no se agota en un comentario? ¿Puede un sueño reseñar un libro? Los sueños son audaces. Trabajan la materia prima de nuestra relación con la lengua.

Leer es escuchar, dice Gabriel Giorgi en su reciente libro Parar la oreja: notas para una política de la escucha, publicado por la editorial Tenemos las máquinas. Si leer es escuchar, ¿tomar notas es transformar el sonido en letra? Como un taquígrafo, pienso. Wiki: ¿Qué es ser un taquígrafo? Wiki responde: Los taquígrafos de tribunal trabajan en los tribunales realizando la transcripción literal de las audiencias. Anotan las declaraciones de los testigos, los alegatos, las conclusiones del juez, el veredicto y toda posterior imposición de pena. ¿Qué es la taquigrafía y para qué sirve? Wiki responde: La taquigrafía permite transcribir cualquier discurso hablado a mayor velocidad de la transcripción normal mediante el uso de símbolos o trazos.

Anoche

Una amiga con la que nos hacemos el segundeo vital me escribe para preguntarme cómo me fue anoche en la presentación. El delay de su pregunta, que a su vez responde a un mensaje mío anterior, está dado porque anduvo sin teléfono: le robaron. Y le robaron cerca de casa, así que me tocó el timbre. Yo estaba en ese momento dándole forma a preguntas en torno al libro de Gabriel. Abrí la puerta esperando ver a algún vendedor de algo, pero no, era ella. Ahí parada del otro lado de la reja: me robaron, dijo. Y me muestra las manos vacías, como si fuera una evidencia de algo.

Cuando respondo a su mensaje, ya pasaron dos noches. Hay demasiado que contar, así que le cuento el sueño que tuve. ¿Qué es un sueño? Un sueño es leer con imágenes. El sueño toma nota veloz de los trazos, de los restos del día. Condensa, desplaza, comprime. Conecta impensables, hace figuraciones de lo imposible.

El sueño

Asisto a una contienda deportiva. Hay dos en esa contienda, asociados por el significante “discapacidad”. Me desplazo hacia el baño o hacia los vestuarios. Encuentro a uno de ellos llorando: es muy desigual, me dice. Entiendo que no quiere continuar con la competencia, entonces lo acompaño a hablar con el juez de línea. Hacemos ese trayecto, del baño/vestuario hasta la cancha, él caminado, yo caminando de rodillas (¿como para estar a su altura?, pienso). Ante el juez, él repite: es muy desigual. Yo, de rodillas, asiento. También estoy llorando.

Llorar

El llanto es una descarga inespecífica, dice Freud. Alude a los comienzos de la vida, al desamparo que implica no poder decir qué me pasa: frío, hambre, sueño, dolor, frustración. La materia sensible vibra y aunque después desarrollemos (con suerte) una voz que traiga palabras articuladas, lo inarticulado persiste. Suena, resuena, busca a otro. Hacerse oír. La inermidad/ enormidad/ de lo vital. Sus descargas (in)específicas. Sus búsquedas incesantes.

Llanto y entrelazamiento cuántico

Leo: entrelazamiento cuántico. Un conjunto de partículas entrelazadas no puede definirse como partículas individuales con estados definidos, sino como un sistema con una función de onda única para todo el sistema. Los estados cuánticos de dos o más objetos se deben describir mediante un estado único que involucra a todos los objetos del sistema, aun cuando los objetos estén separados espacialmente.

Más allá del espacio-tiempo: las partículas se mantienen entrelazadas. Se influyen. Si una partícula se afecta, la otra lo siente. Charly García cantando: “Yo solo tengo esta pobre antena, que me transmite lo que decís”.

No dejes que te afecte

Siempre, en algún momento, la pregunta de alguien que habla sus afectaciones termina en un: ¿y cómo hago para que no me afecte?

Quisiera hacerles un dibujo, un gráfico.

Vamos a llamar a nuestra partícula testiga Norma. Norma piensa que su mundo estaría bien ―estable― y que eso depende de un conjunto de relaciones (otros) que, a su vez, tienen que estar bien (estables). Sus otros, su mundo circundante, está formado por sus padres (Raquel y Luis), por sus hermanos (H, C y D) y sobrinos (F y K). A primera vista, es un mundo pequeño. Si le insisto en que deje de pensar consanguíneamente (la estafa piramidal de la familia nuclear) y que se escuche en las afectaciones de las que estuvo hablando, incluye en su línea de afectaciones a sus amigas de infancia con las que todavía se ve (Z y R), a su jefa en el trabajo (Y), a su compañero de equipo (J). Le insisto un poco más e ingresa su casi algo reciente (M), y en efecto cascada, los algos pasados (E, I, N). No seguimos solamente atentas a no agotar las letras del abecedario. (Lo sé, es un mapa muy antropocéntrico: ni siquiera incluimos a los agentes no humanos. Ni siquiera a los muertos. Perdón).

Si a cada una de estas partículas nombradas por letras le hiciéramos, a su vez, el mapa de entrelazamientos con sus otros, ya estaríamos llenando estadios. Si alguien considera que su bienestar/estabilidad depende de la expectativa de estabilidad o invariancia de sus relaciones (que es por donde le llegan las afectaciones), tendríamos que hacer un recorte drástico. Todo el mundo: ¡afuera! Entonces llega un presidente que solo está en relación a su hermana (la jefa) y a sus perros muertos. [Risas, llantos, descargas inespecíficas].

El presidente entendió, junto con Margaret Thatcher, la enormidad de la trama relacional de la que dependen nuestras vidas. Y la llamó “gasto público”. Y quiso hacer un ahorro. El mercado se regula solo, el dólar flota, si la gente no llegara a fin de mes, habría calles llenas de cadáveres. Hubo tanto trabajo en nuestra lengua. Tanto, para recibir este martillazo sobre nuestra orfebrería de sentido. Gritos, insultos, la voluntad de que todos los otros sean menos que humanos.


Parar la oreja, el libro de Gabriel Giorgi, es un enorme artefacto puesto a trabajar sobre el campo de lo inaudible, de lo inarticulado. Al caos que deja la ruptura de lo que nos entrelaza. Sí, nos dice como un guiño. Es un enorme esfuerzo, pero tenemos las máquinas.


Querida amiga: esto apenas es un resumen hecho a las apuradas. ¿Qué son dos noches en una vida? Queridos lectores: proliferen. Hagan sonar.

*Por Claudia Huergo para La tinta / Imagen de portada: Gabriel Giorgi.