Imagen: cobertura de las marchas contra la Ley Bases en Argentina, por Mariano Manizzi, 2024.
Por: Juan Recchia Paez
El reciente libro de Gabriel Giorgi es un libro de notas, una sucesión de apuntes, que apuesta por un acceso amplio a la lectura y busca responder desde una textualidad mínima, oral e incisiva a las formas experimentales del proyecto político en curso en Argentina, en América Latina y en el mundo occidental: los nuevos fascismos.
Parar la oreja. Notas para una política de la escucha (2025) es un libro que propone una crítica cultural basada en la acción de leer con los oídos en tanto ejercicio político de arrebato. En este libro, a partir de una reflexión coyuntural, se delinea cuidadosamente un método de escucha en el que lo cotidiano de la anécdota hace sonar nuevos ritmos críticos colectivos. Una cena familiar, las charlas con amigos, las primeras marchas masivas contra el gobierno en 2024, imágenes audibles que corren por las pantallas, audios twitteros y una heterogeneidad de sonidos se combinan con una bibliografía diversa sobre la escucha como problema filosófico, literario, cultural y metodológico.
De allí que este libro de dimensiones mínimas crece, página a página, en tamaño y profundidad. Su cuidada edición a cargo de la editora Tenemos las máquinas conserva un formato transportable, casi como el de un celular, que puede ser leído rápidamente en la vía pública o por fragmentos aleatorios. Como si el gesto mínimo, que nos lleva a pensar en los apuntes benjaminianos o en textos de combate de la clandestinidad, se anexase a una parte del cuerpo y buscara, en su accesibilidad y compañía, habilitar una lectura próxima, íntima que, casi como al oído, toca la fibra del lector y de la lectora. Si el tono del discurso político actual es el del grito, Giorgi, en estas notas, construye una voz que parece, más bien, susurrarnos al oído.
¿Cómo multiplicar este gesto, cómo volver masiva una voz baja e incisiva que entra por las grietas de lo inarticulado para poner en jaque el discurso imperialista actual? He ahí parte de los grandes desafíos que Giorgi nos propone para repensar y rearticular la función de la crítica cultural latinoamericana contemporánea a partir de una serie de notas que se transforman en un cúmulo de pedradas de David frente al Goliat imperialista que, mes a mes, año a año, viene ostentando su poder en la disputa actual por un nuevo orden mundial. La tarea de estas notas recupera, desde la potencia de lo personal como político, el poder radical del piedrazo frente a las inmensas tecnologías (bélicas y comunicacionales) con las cuales se impone la nordomanía del imperialismo actual.
Fotógrafo Rodrigo Abd siendo asistido en la marcha contra la Ley Bases, por Mariano Manizzi, 2024.
A partir de retomar la pregunta que propone Jean-Luc Nancy en À l´ecoute (2002), acerca de si la filosofía es un lenguaje adecuado para trabajar la audición, Giorgi explora en su libro definiciones múltiples sobre la escucha que tocan tópicos del inconsciente, de lo sonoro como anterior a la cultura, de los vínculos entre oralidad, memoria y conformación del lenguaje. La escucha se constituye, así, como arena de disputa de la atención y campo de lucha de las capacidades e incapacidades de la audición política y social:
“La escucha siempre tiene un lugar en el umbral (que es algo más que un límite) entre lo audible y lo inaudible, y que ese umbral es zona de disputa jugada sobre formas y estructuras de dominación que distribuyen lo que una sociedad puede escuchar y lo que se descarta hacia lo inescuchable” (2025: 10).
Desde este umbral surge la pregunta por lo nuevo y lo viejo que acarrean las políticas vigentes. En el lenguaje de las notas se rearticulan los sonidos del discurso político fascista y de las consecuencias devastadoras que tienen los proyectos de figuras como Milei, Trump y Bolsonaro para toda la región americana. Las notas remarcan la “novedad” de estos procesos en la reconfiguración social de los nombres que adquieren los sujetos plurales, tales como trabajadores, desocupados, migrantes, letrados, pobres, lectores o analfabetos.
Sujetos de la escucha que se diversifican en sus múltiples formas: streamers, militantes LGTBQ+, artistas plásticas, personas con discapacidad, inmigrantes invisibles, conferencistas, funcionarios, técnicos de sonido y operarios, entre otros y otras. Cuerpos parlantes que desafían el umbral entre lo audible y lo inaudible: carros hidrantes que, en plena represión, agitan “¡Vengan zurdos!” o la voz de una expresidenta defendiendo su injusta sentencia desde los altoparlantes de Plaza de Mayo. Son esos cuerpos parlantes y esas situaciones de la escucha que, propias del siglo XXI, habilitan la superposición de temporalidades donde irrumpen y se inscriben formas de la memoria.
Como si la dimensión multisensorial del oído permitiera amplificar la articulación entre el discurso histórico y las formas narrativas de la memoria pública. Al detenerse sobre la temporalidad de la escucha se habilita un umbral móvil, cambiante entre lo audible y lo inaudible (el silencio siempre es relativo al nivel de sonido), que permite repensar las superposiciones del tiempo pasado y futuro. Los pliegues del presente configuran una memoria acorde: un tiempo sonoro que se rige por tensión y distensión donde varias notas se encuentran y ninguna pierde su tono específico.
De allí que Giorgi rescata cómo procesos históricos del siglo XIX y del siglo XX, en torno al lugar de las masas y de la categoría de “ciudadanos”, entran en una nueva afectación con las sonoridades del siglo XXI. El proceso combina la tradición de exclusión sobre la que se han fundado los Estados nación en América Latina con una nueva “bestialización” del poder: ya no es más el carácter civilizatorio el sustento ideológico, sino que, por el contrario, el poder se ostenta y crece bajo la ley de la selva. Naturaleza y cultura se retuercen, civilización y barbarie ya no operan como lo hicieron en el siglo XIX: las instituciones escriben la nueva ley con el grito como estandarte. Los monstruos nos gobiernan.
Carro hidrante ataca a la prensa en la marcha contra la Ley Bases en Argentina, por Mariano Manizzi, 2024.
Gritar y reprimir parecieran ser las formas políticas sobre las cuales se reconfigura el famoso título foucaultiano. Las formas de la inteligencia del poder han pasado a un segundo plano, la prepotencia del grito se cree que impone a todos por igual y las fuerzas represivas operan de manera descontrolada: desde el ICE en Estados Unidos hasta los protocolos antipiquetes de Patricia Bullrich en Argentina. La inteligibilidad, la palabra que antes hacía al ciudadano, pareciera no ser audible ni un criterio límite para el accionar de las fuerzas policiales, parapoliciales y militares. La máquina de guerra se ha quedado sorda.
Y mientras tanto… ¿qué tiene la lucha argentina para enseñarle a la yankee o qué potencia, qué métodos tiene la lucha estadounidense para enseñarnos a los latinoamericanos? “Viví en el monstruo y le conozco sus entrañas”, escribió, hacia finales del siglo XIX, José Martí, quien publicaba y difundía sus escenas en periódicos hispanohablantes de América Latina. Pero hoy carecemos de medios que nos permitan escuchar, más allá de dos o tres reels que nos llegan por redes; con qué sonidos se ejercen las luchas políticas en el mundo angloparlante. “Algo norteamericano en mi inconsciente” (115) reformula Giorgi al presentarnos, por el ejemplo, el sueño californiano y sus vínculos con el pensamiento de ultraderecha.
Parar la oreja habla también a la praxis crítica y política peronista y de izquierdas argentinas. Como si este pequeño librito permitiese engrosar y potenciar el cuerpo de lo político a partir de una reivindicación de las textualidades no escuchadas por la acción política progre de los últimos años. Dar corporalidad a la discusión política a partir de la literatura, de la espiritualidad, de la revisión de los tiempos históricos, sus superposiciones, combinaciones y simultaneidades. Lejos de una crítica panfletaria al imperialismo estadounidense, Giorgi basa su lenguaje en estudios culturales estadounidenses: porque los problemas de lo latinoamericano se escriben y deben inscribirse como parte de un lenguaje universal.
Manifestante graba video del accionar policial en la marcha contra la Ley Bases, por Mariano Manizzi, 2024.
El librito, a su vez, opera como un conjuro sensorial: nos propone la construcción de dispositivos de escucha mediante los cuales podemos leer auditivamente nuestro presente. Giorgi se coloca en línea crítica con grandes autoras como Butler, Berlant, Bishop, Lacey, Fiumara, Ochoa, Molloy o Ludmer para proponer una serie de hipótesis de lectura literaria que permiten repensar los sonidos armónicos, pero también las cacofonías entre literatura y política. El libro desarrolla casos literarios como laboratorios de la escucha en la literatura argentina y latinoamericana. Siguiendo a Ludmer, por ejemplo, define a la literatura como laboratorio político de la lengua:
“Las zonas claves de la literatura argentina pasan por el momento en el que se pone el oído en la lengua para intentar registrar (y con ello, entender, es decir, trazar un horizonte de sentido) lo que le pasa a la lengua en un momento específico (y lo que pasa por la lengua, ese tráfico). La literatura como escucha de los tonos políticos de la lengua” (2025: 133).
Como si Giorgi utilizara la subversión del lenguaje y reescribiese el tópico de las armas y las letras, desde una nueva dimensión que señala, por ejemplo, las diferencias y contrapuntos entre lo decible/indecible y lo audible/inaudible. La literatura en tanto espacio donde escritura y escucha se encuentran y posibilitan un lugar para las voces excluidas, para las lenguas desnormativizadas y para los lenguajes no humanos.
El texto de Giorgi, por eso, es altamente programático: nos llama y nos convoca a ejercer la escucha como práctica. Una práctica cotidiana, cultural y, a la vez, artística. Una práctica literaria que se redefine como una “práctica de resonancia con mundo sonoros” que poseen el carácter propio de la escucha: el carácter, ante todo, público. Y tal vez esa sea una de las tareas urgentes: menos la de escribir lo que no se lee, más la de contar, narrar, escuchar, leer, aprender y enseñar literatura. Un carácter del orden de lo creado por mundos colectivos. Porque, en estos contextos de disputa y movilizaciones constantes, sí existen diversos espacios sociales donde se viene entrenando la escucha, donde se arrebata cotidianamente lo audible: desde la educación en la sala de aula o las charlas en espacios privados hasta las canciones de lucha en las calles.
Parar la oreja. Notas para una política de la escucha
Gabriel Giorgi
Editorial Tenemos las máquinas
Buenos Aires, 2025
