27-03-2026

Entrevista a Gabriel Giorgi en La Voz

Entrevista. Gabriel Giorgi: La ultraderecha propone el aturdimiento como estrategia de comunicación política

El ensayista y crítico cultural propone ejercitar el oído como herramienta para pensar el presente en su obra Parar la oreja.

21 de marzo de 2026, 02:14 p. m.

Muchas voces que gritan, otras que hacen coro hasta el cansancio, algunas que se repliegan y padecen en silencio una intensidad que parece no tener sentido, aunque lo tiene. Los gobiernos de ultraderecha irrumpen con un volumen y una violencia que alteran todas las escalas: no solo lo que se dice, sino cómo se lo dice y cuánto espacio ocupa. El ruido deja de ser un efecto colateral y se vuelve método.

En ese contexto, aprender a reorientarse frente al aturdimiento se vuelve urgente. ¿Cómo no quedar capturados por la saturación? Una posibilidad es correr el foco de la palabra al oído, ensayar otra forma de atención, menos centrada en quién habla y más en qué circula, qué vibra, qué se interrumpe.

En Parar la oreja, Gabriel Giorgi (profesor e investigador en la Universidad de Nueva York, con varios libros y compilaciones públicas) convierte esa práctica en una herramienta de análisis social y político. Las más de cincuenta notas breves del libro ensamblan teoría, ensayo y crónica personal para pensar la escucha no como pasividad, sino como un ejercicio crítico capaz de detectar lo que todavía no encuentra forma.

–¿Cómo llegaste a la escucha como tema de investigación?

–El libro anuda dos procesos. Por un lado, venía interesándome en los modos en que la literatura escucha la lengua pública y sobre todo en cómo entrena la escucha. La escritura es una suerte de laboratorio de lo audible, de lo que una sociedad puede y quiere escuchar y, también, de lo que queda fuera de registro. Esto se conjugó con el ascenso de las ultraderechas, que produjo, entre otras cosas, una saturación del espacio público con diversas estrategias de aturdimiento.

Antes que un concepto cerrado, conviene pensar a la escucha como un ejercicio precario e inestable que se sitúa en el umbral de lo inarticulado: aquello que no llega a decirse, que se interrumpe, que balbucea. “Estando en esa posición de parar la oreja, te movés entre teoría y sensación, entre lo íntimo y lo colectivo. Por eso me pareció que el libro exigía otra forma, que alguien definió como ‘autobiografía impersonal‛, una fórmula que me encantó”, dice Giorgi.

¿Qué cambia cuando el foco pasa a la escucha?

–Ese gesto pone en suspenso la autoridad de la enunciación, de la voz, del mandato de siempre “tomar la palabra”. La escucha aparece como un saber hospitalario con la vacilación, el equívoco, incluso el error. Además, es siempre inmersiva, no hay distancia ni separación nítida con tu afuera y eso disloca las posiciones demasiado firmes.

Saturar para dividir

Hacia el comienzo, señalás que los gobiernos neofascistas y de ultraderecha, a los que también denominás “el experimento en curso", irrumpen con un “régimen de lo audible”. ¿En qué consiste?

–La ultraderecha propone el aturdimiento como estrategia de comunicación política. Me gusta la idea de “aturdimiento” porque combina lo auditivo y lo cognitivo, y nos recuerda, en su negación misma, que escuchar y pensar son inseparables. Decidieron subir los decibeles con provocaciones, fake news, ruidos, para que no haya conversación y debate. Ellos operan en el umbral de la farsa y el humor. Insultan, agreden, persiguen de maneras extremadamente violentas, y luego dicen: “¿No te diste cuenta de que era un chiste?”. Ese parece ser el estribillo. Trump es el modelador de ese tono, el Joker imperial. El chiste elevado a régimen de lenguaje para desrealizar el dolor, la represión, el hambre, la muerte del otro.

Uno de los proyectos artísticos a los que Giorgi se remonta es Diarios del odio, de Roberto Jacoby y Syd Krochmalny, que se desplegó en diversas y sucesivas plataformas. Primero, los autores compilaron un sinfín de expresiones virulentas de los foros de lectores en un par de portales online entre 2008 y 2014. Con ese material, armaron una instalación, luego un libro de poemas, y finalmente el grupo ORGIE hizo una puesta en escena coreográfica con dirección de Silvio Lang.

“Ellos tuvieron conciencia del rol que empezaban a jugar las tecnologías digitales y los portales de los diarios. Pescaron que ahí ya se conjugaba un laboratorio de la lengua que luego se volvió disputa por la palabra política”, señala Giorgi. En el libro, lo formula así: “Lo que se gestaba en los subsuelos de la lengua –literalmente, la sección inferior de las pantallas, por debajo de las noticias y de la lengua pública validada– se vuelve la palabra presidencial y el vocabulario normalizado de la política”.

Cuando esos comentarios "online" con su inyección de violencia escalan a otras esferas, ¿siguen siendo solo una injuria o funcionan también como permiso?

–Abre un campo de juego que la ultraderecha enmarca bajo el signo del chiste, del estilo de una figura política o del malentendido. Pero, efectivamente, hay una habilitación que puede ir desde una inflexión performática hasta el pasaje al acto, a la literalidad.

Por una literatura sonora

El autor advierte que la literatura que le interesa es la que trabaja con materiales orales y aurales, donde se anudan las voces de otros, pero también los ruidos, afectos, tonos, silencios y atmósferas. La que escucha lo que le pasa a la lengua en un momento determinado y lo hace resonar en la escritura. Menciona Reunión, de Dani Zelko; Crímenes transfronterizos, de Lawrence Abu Hamdan, artista jordano-americano, y los proyectos del escritor egipcio Haytham el-Wardany, entre otros.

¿Por qué es importante ese “parar la oreja” en las experiencias literarias y artísticas?

–Porque la escucha es una gran herramienta sensible. Nunca es plena ni total, siempre hay algo que queda en el umbral, que escapa e insiste. Eso inaudible, inarticulado, es la tarea del arte y va al centro de la pregunta por la justicia. En una época de pantallas que se han vuelto un imán para capturar la sensibilidad y los cuerpos, la relación con lo acústico y lo sonoro juega un rol decisivo. Nos permite levantar la mirada y pensar en otro tipo de atención.

Una obra que destaca es Las cosas que podés encontrar ocultas en mi oído, de Mosab Abu Toha, poeta palestino que, además de su activismo, trabaja con el oído y los ecos como política de la memoria y de las presencias ausentes. “Lo que sucede en Gaza es una de las grandes batallas de y por la realidad de las imágenes, y su capacidad para afectarnos. Algo de lo que llega por el oído –incluyendo la guerra sónica que el Estado de Israel ha usado como estrategia de terror– abre otras formas de responder, de testimoniar, de relacionarse con los muertos, en medio de la masacre”, concluye.